Guerra oculta y silenciada

Pocos y muchos conocen la cruda situación en Myanmar, un conflicto que se convirtió en una guerra civil cruel, oculta y silenciada.
La falta de conocimiento al respecto se debe a una obstrucción sistémica de los medios de comunicación. Únicamente funcionan medios oficialistas que “informan” (deforman) la realidad. En el derecho a la libre expresión, tampoco se halla el recurso de la Internet debido a que la junta militar ordenó suspender el principal enlace de la web con el exterior para impedir la difusión fuera de Myanmar de informaciones, fotografías e imágenes de video sobre la represión. Además de ello, el departamento de guerra cibernética del Ministerio de Defensa reforzó el control sobre Internet, bloqueando servidores, atacando con virus ‘blogs’ de disidentes y desplegando informadores para desenmarañar la red en busca de internautas opositores al régimen. Las autoridades ordenaron previamente el cierre de todos los cibercafés del país para impedir que salga información al exterior sobre la brutal represión. El departamento de guerra cibernética está adscrito a la Oficina de Servicios Informáticos del poderoso Ministerio de Defensa y se encarga, entre otros cometidos, de vigilar las conversaciones telefónicas y correos electrónicos de miembros de la oposición.
Desde sus terminales, los espías se multiplicaron para perseguir los comentarios de internautas sospechosos en varios diarios “online”, algunos de los cuales fueron clausurados pero otros quedaron disponibles para poder identificar a opositores.
Entonces, es muy difícil saber desde afuera lo que acontece. Pero es más difícil emprender una cobertura periodística en lugar de los hechos. Todo es captado desde la clandestinidad, ya sean videos o imágenes fotográficas. Y esta es la parte silenciada.
La represión se cobró la vida de Kenji Nagai, un fotógrafo japonés de 50 años que trabajaba para la productora APF News, herido de muerte por un soldado.
Esto sucedió el jueves 28 de setiembre en las calles de Rangún cuando el reportero intentaba superar un control del Ejército, y a pesar de los impactos de balas recibidas tuvo un acto heroico de seguir tomando fotos desde el suelo hasta su desvanecimiento.

Nagai es la primera víctima fatal extranjera de las protestas que comenzaron con marchas esporádicas contra el aumento de los precios del combustible, pero que el último mes se transformaron en masivas manifestaciones contra la junta militar que lleva 45 años en el Gobierno de la antigua Birmania
La emisora opositora, La Voz Democrática de Birmania informa de que unas 1.900 personas, entre bonzos, monjes budistas, estudiantes y civiles, permanecen detenidas en el colegio técnico de Insein, al norte de Rangún, habilitado para dar cabida a los prisioneros a los que las autoridades implican en las multitudinarias manifestaciones.
Myanmar sufre las consecuencias de tener codiciados recursos naturales, los suficientes para mover el espíritu capitalista que impera en los países desarrollados que pugnan por ellos.
Myanmar está gobernada por los militares desde 1962 y no celebra elecciones parlamentarias desde 1990, cuando el partido oficial perdió de manera abrumadora ante una coalición opositora encabezada por Suu Kyi, bajo arresto domiciliario desde 2003.
Santiago Bigatton.